MyFi es ciencia - HiFi es marketing
Este título, que admito que es provocativo, necesita alguna introducción.
No niego el hecho de que la búsqueda de una reproducción musical de calidad tenga sentido y deba perseguirse, pero es importante comprender algunos principios y pruebas científicas que subyacen a esta práctica (escuchar música), por muy ignorados y subestimados que sean por la mayoría de los operadores y aficionados.
Lo que afirmo a continuación deriva de estudios y conocimientos personales no sólo en el campo de la reproducción de audio, sino también en el de la Audiología aplicada, que forma parte de mi competencia y experiencia profesionales.
EL SONIDO NO EXISTE
El término sonido se refiere al fenómeno físico de una alteración en la presión del aire que nos rodea y se deduce como primera evidencia que en ausencia de aire este fenómeno no existe como ocurre en el espacio exterior. Una vez aclarado esto, trivial pero no excesivamente, la siguiente consideración en el ámbito fisiológico es que esta "vibración" es percibida por el sistema auditivo con el oído externo y el oído interno, que transforma la presión física del aire en una señal eléctrica y llega a nuestro cerebro a través del nervio acústico. Este órgano tan importante ha evolucionado y se ha refinado para permitir la supervivencia del hombre, para defenderse del peligro y para interceptar presas que atrapar para alimentarse. Este maravilloso sentido ha permitido la evolución. El hombre no es el ser vivo con el "mejor" oído entre las especies existentes, pero su evolución global le ha permitido situarse en la cima de la cadena alimentaria. Esta premisa sirve para aclarar que este sentido fundamental tiene la característica de ser extremadamente subjetivo en su nivel de funcionalidad y que el cerebro desempeña un papel de compensación e interpretación de lo que recibe del exterior. A continuación aclaro este aspecto. Desde el nacimiento y los primeros años de vida, la capacidad auditiva se modifica con una lenta e inexorable disminución de la sensibilidad para captar sonidos de baja intensidad y, sobre todo, de alta frecuencia. Por convención, la gama de frecuencias audibles se define entre 20 y 20.000 Hz. Este espectro de frecuencias es percibido por todos los diversos componentes del aparato auditivo, en particular tenemos una percepción de la presión sonora por el "aire" que implica al oído externo compuesto por el pabellón auricular , el conducto auditivo externo, la membrana acústica a la que está unido el sistema óseo, es decir, el estribo yunque y el martillo. ...en este punto, tiene lugar la "magia" de la transformación de la vibración mecánica en señal eléctrica por parte del oído medio e interno, que por cierto es uno de los órganos más delicados y complejos del cuerpo humano que aún tiene aspectos de su funcionamiento que no están del todo claros. Hasta aquí, nada nuevo para muchos de ustedes, pero es importante añadir un aspecto menos conocido de la fisiología de la percepción auditiva, la llamada "vía ósea". El mencionado sistema óseo de transmisión de las vibraciones del exterior al oído interno es también sensible a todas las demás vibraciones que el cuerpo humano "capta" con su gran superficie expuesta a la presión sonora que lo "rodea". Las ondas sonoras que golpean el cráneo, pero también otras partes del cuerpo, lo excitan inevitablemente, aunque de forma débil y para un espectro de frecuencias limitado. Un auténtico filtro pasa banda con un límite superior de unos 3KHz. En el campo de la audiología, existen déficits auditivos selectivos que se producen debido a una menor comprensión del habla como consecuencia de traumatismos craneoencefálicos que "desensibilizan" la percepción ósea. En estos casos, para poner de manifiesto y medir este tipo de componente de la hipoacusia, se realiza una audiometría en la que un "vibrador" excita la parte del cráneo situada detrás del pabellón auricular con una señal pulsada y, al mismo tiempo, se inyecta una señal continua por aire con función de enmascaramiento para evitar falsos hallazgos, evidentemente involuntarios, por parte del sujeto examinado. Una característica peculiar de la percepción/conducción ósea de los sonidos es su escasa o incluso nula separación binaural. Lo que se acaba de decir ayuda a justificar la relativamente escasa separación binaural de todo el sistema auditivo, escasa pero lo suficientemente presente como para que la latencia temporal de la percepción de un sonido presente entre el oído derecho y el izquierdo permita al cerebro "localizar" la dirección de origen del propio sonido. Una última mención sobre la fisiología de la percepción acústica debe hacerse para ese fenómeno de compensación e interpretación de los sonidos por el cerebro que, en definitiva, permite incluso a las personas con déficits auditivos de diversa índole compensar las deficiencias si éstas se sitúan dentro de unos niveles aceptables, que en cualquier caso son mucho mayores que los comúnmente imaginados. ¿Se ha preguntado alguna vez cómo hacen su trabajo los profesionales de la música de edad avanzada y que desempeñan diversas funciones? La experiencia, en el sentido más amplio del término, desempeña un papel importante, pero el papel de la mente permite a estas personas realizar su trabajo con una audición tal que, si se hicieran públicas las audiometrías personales, ¡harían estremecerse a los amantes de las respuestas en frecuencia dentro de 0,5 dB!
Aunque hemos tocado brevemente este tema, basta con destacar cómo la capacidad de oír y, por tanto, de escuchar música es algo único en sus parámetros cuantitativos y cualitativos, por no hablar del componente cognitivo alimentado por el nivel y la cantidad de experiencia de escuchar música que no ha sido reproducida.
Una vez comprendido lo complejo, articulado y susceptible de variaciones 'personales' de la fruición de la señal sonora, en nuestro caso musical, en realidad un aficionado consciente no tiene dificultad en asumir una verdad ineluctable: el sonido, la música, se forma dentro de nuestra mente y esta sensación creada por el cerebro estimulada desde el exterior está sujeta a innumerables variables de intensidad, frecuencia, fase, armónicos, etc. . ... Podría seguir, pero creo que lo anterior es suficiente para justificar que la escucha es un fenómeno estrictamente personal y, como tal, prácticamente cualquier disquisición sobre la "calidad" percibida debe tener en cuenta este aspecto ineludible. Lo que se acaba de afirmar, aunque sea involuntariamente, apoya la tesis de quienes se basan casi exclusivamente en las mediciones para evaluar la calidad del sonido. Este modo elimina sin duda la inevitable "subjetividad" presente por las razones antes descritas. Dicho esto, estoy absolutamente convencido de que hasta la fecha la instrumentación de medición, tanto eléctrica como acústica, no ha alcanzado niveles de sofisticación tales que permitan confiarle inequívocamente la tarea de evaluar la calidad de reproducción de un mensaje musical.
Además de este aspecto, existe un componente esencial de la reproducción de música grabada (un producto discográfico independientemente de la tecnología y el soporte) expresado en la página de FILOSOFÍA de este sitio.
En resumen, aunque dispusiéramos de instrumentos suficientemente precisos y complejos para evaluar todos los componentes de la señal musical, estos instrumentos serían "inútiles" por falta de una REFERENCIA absoluta.
¿Y entonces?
La reproducción musical en el estado actual de la técnica requiere un enfoque que no excluya ni los no obstante preciosos instrumentos de medida (indispensables para diseñar y verificar el correcto comportamiento de los equipos) ni la evaluación subjetiva como herramienta de "puesta a punto" por parte de los diseñadores y como método de evaluación y apreciación por parte del aficionado.
Requiere una actitud consciente para cuestionar pacíficamente las "certezas" de los GURU del sector, los alaridos publicitarios del marketing HiEnd o incluso la simple opinión genuina del amigo "experto".
La música es una actividad lúdica que debe proporcionar placer personal y, como tal, nadie debería sentirse carente de capacidad para valorar sus bondades.
Volviendo a la provocación inicial, ahora has comprendido por qué el SONIDO, la MÚSICA sólo existe en tu mente y como seres humanos únicos tu valoración, además de pertinente, es la única que debe guiarte en tus elecciones personales sin miedos reverenciales hacia nada ni nadie.